Época de finales. Todo el mundo anda nervioso y esperando que le haya ido bien en aquel curso en el que siempre dice que esta "cagao".
Llego a la universidad y veo el ambiente lleno de confusión. Las palabras "Belaunde", "Apra", "Odría" y "Velasco" se escuchan por doquier.
La gente hace su repaso de último segundo antes de ingresar a su respectiva cámara de gas.
Por mi parte me sentía tranquilo, sabía que no había posibilidad de jalar un curso tan fácil como historia del Perú (siendo yo tan aplicado en historia)pero aún así sentía aquel miedito que siente el que no estudió nada y espera que un golpe de estado suspenda el examen.
Particularmente, de los cursitos generales que llevo, historia del Perú fue el más difícil. ¿Desde cuándo la historia contemporánea del Perú se volvió tan complicada? Creo que ni la historia de Egipto con sus treinta y tantas dinastías y sus nombres sacados del chocolateo de letras era tan difícil.
Había estudiado las últimas separatas la noche anterior pero aún así me faltaba algo de ubicación.
Al momento que me entregaron el examen noté que el trago no sería tan amargo (como diría Toledo).
El examen consistía en cuatro preguntas, de las cuales sólo tenía que escoger dos (este nuevo método de evaluación es genial! ahora tengo que estudiar menos).
La primera pregunta trataba acerca de los planteamientos de Haya y Mareátegui, luego escogí otra en la que tenía que explicar el gobierno velasquista.
¡Eso es fácil! dije yo, pero al comenzar, no podía concentrarme. Quizás sería porque me había tenido que levantar a las 6 am para tomar una combi en medio de un frío siberiano o porque la chica que me gustaba estaba al otro lado de la clase resolviendo tranquilamente y sin problemas su examen.
Tuve que esperar a que se vaya para poder comenzar.
Felizmente para estos exámenes dan como dos horas, más que suficiente.
Terminé sin problemas, entregé el examen y me fui. Pero siempre recordando lo complicada que se había vuelto la historia del Perú.

Lima, sábado 08 de julio de 2005