Cuando iba en la combi por la panamericana en la línea “S”, con destino a la avenida La molina, allí sentado, en la parte de atrás mirando por la ventana, noté algo que me pareció curioso. Al principio más que curioso me pareció inexplicable, pero me sirvió para escribir esto. Mientras leía a Bryce (ya que lo necesitaba para un examen de lengua) y escuchaba mi metal estrepitoso en mi MP3 noté, algo confundido, que una gota de agua había caído sobre mi mano que sostenía el texto. Había llovido la noche anterior, y estaba aún lloviendo, pero conociendo Lima sabía que la lluvia era bastante leve comparada con otras ciudades del globo. Bueno, el hecho pasó sin mayor importancia, y mientras seguía el carro por la Encalada, volví a sentir una gota que caía en mi mano. Más adelante volvió a ocurrir. Dos veces podía haber sido un capricho de los dioses, pero que ocurra por tercera vez es algo ya inquietante. Traté ingenuamente de revisar el techo de la combi, tratando de ver por dónde se podía haber filtrado el agua que había caído. ¿Sucederá acaso como en los submarinos?, ¿Donde el vapor se convierte en agua y aparece por entre las paredes del casco? En aquel momento, al mirar la cara de la gente que iba en la combi, pensé que todos estábamos dentro de un submarino. Sí, ya lo veía, toda la tripulación apiñada pensando en alguna cosa. Yo, particularmente, tratando de resolver el enigma de la gota de agua. Contemplaba las miradas de las personas y trataba de descifrar sus pensamientos. Observaba sus movimientos cuando bajaba una persona y los movimientos de sus manos cuando estaban sentadas. Las miraba y veía a la tripulación de un submarino nuclear soviético, sombría y con rostros sin ilusión, esperando inevitablemente la aparición de alguna fuga o la amenaza de algún torpedo enemigo. “Torpedo, decía yo. ¡Ja! Ya vas a ver sus caras cuando la combi choque con un torpedo”. Y bueno, mientras la tripulación seguía esperando su inevitable muerte, yo seguía aún con lo de la gota de agua. Después de investigar un rato, descubrí que el engaño de la gota de agua tenía la explicación más simple que la ingeniería naval me pudiera ofrecer. La ventana, semi-abierta, estaba llena de gotas de agua, y por la velocidad interdimensional de nave de star wars con la que viaja la combi, de seguro que algunas gotas habían entrado y caído en mi mano. Que aliviado y decepcionado me sentía a la vez luego del descubrimiento. Era tan simple y gran parte del camino me había tenido intrigado. Mientras la tripulación se preparaba a lanzar el misil nuclear, yo había logrado resolver el problema de la gota de agua. Iba a llegar a la avenida La molina, metí a Bryce en mi mochila y dejé a un lado mi metal estrepitoso para bajarme. Al bajarme, y caminar por la vereda, me di cuenta de que las gotas también caían del cielo. Cosa curiosa.
Lima, jueves, 06 de julio del 2006


Niñoooo, tas lokiyo, jejeje. UN bexote wapo!!! Por cierto.. VALES pa novelista... me tienes q pasar el segundo capitulo ;-) MUAKAS!!!
Esto es una verdadera pendejada del libro del pendejismo
se pasan de lanza
Te felicito.
Te atreviste a contar lo que muchos sienten y piensan mientras viajan sentados mirando las hoscas caras de los demás pasajeros....cada uno, metido en sus propios sueños o pesadillas...